La Carrera hacia el Cielo

Dubai es uno de los siete Estados que pertenecen a los Emiratos Arabes Unidos y se ha convertido en un destino por excelencia del turismo más lujoso del planeta, y ahora estará si cabe todavía más cerca del paraíso, gracias a la construcción de la torre ”Burj Dubai”, que, con sus 512 metros de altura se ha convertido, y eso que todavía está en construcción, en el edificio más alto del mundo.

Burj Dubai | Fuente: Wikimedia Commons

Dubai que lucha por convertirse en la capital mundial de la modernidad. Su nombre, que ya es un sinónimo del turismo de lujo, espera tener  pronto al mayor centro comercial del planeta.

Esta torre ambiciosa y altiva, con sus 141 niveles, ya ha desplazado la asiática ”Taipei 101”, que hasta el momento tenía el récord con sus 508 metros. Se espera que la ”Burj Dubai” o ”Torre Dubai” alcance los 800 metros, aunque su altura es todo un secreto. El proyecto, que comenzó a construirse a principios de 2004 ya ha superado los 500 metros,  pero se cree que sobrepasará ampliamente los 600 metros e incluso que irá más allá de los 800.

Otras ciudades del mundo no han querido quedarse atrás en esta competencia por embellecer sus ciudades y disponer entre sus calles de todo un símbolo de modernidad y poder. Las autoridades de Seúl, capital de Corea del Sur, ya han informado que su ciudad será la sede del segundo edificio más alto del mundo. El rascacielos, que será construido en 2013, tendrá 620 metros de altura y estará situado en Yongsan, en pleno centro de la ciudad surcoreana, dentro de un complejo internacional de negocios.

Tan sólo varios rascacielos de estados unidos, como el Sears Tower de Chicago  con 442 metros  o el Empire State Building de Nueva York con 381 metros, se mantienen vivos entre la lista de los edificios más altos del planeta. Con su cuarto y noveno lugar, respectivamente, Estados Unidos parece haber cedido definitivamente la vanguardia arquitectónica al continente asiático que, con sus altas torres, se ha convertido en el nuevo símbolo del modernismo.
El Nuevo Herald

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